Con una correa corta o extensible (por desgracia las más habituales), la conversación se convierte en tirones y tensión.
El perro percibe desconfianza y alerta
Con una correa larga, esa conversación se convierte en confianza, libertad y conexión.
El perro gana espacio para descubrir el mundo, gestionar sus emociones y percibe tu seguridad



